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El Santuario Purificado


Un Tiempo de Juicio


Este capítulo comienza con palabras de alto valor significativo. Comienza así: “En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes”. Aquí en el primer versículo, Daniel señala que ésta es una ampliación del capítulo 7. Como se puede ver, este capítulo es la clave para entender no sólo las profecías de Daniel 7, sino todas las profecías de Daniel. Una cosa debe tenerse en cuenta. Las profecías de Daniel pueden ser entendidas en su plenitud, solamente cuando se comparan entre sí. Al estudiar el primer versículo, se ha notado que éste une el capítulo ocho con el siete. Los capítulos 7, 8 y 9 están interrrelacionados entre sí. Las visiones de los anteriores están explicadas, ampliadas y magnificadas en los posteriores. En Daniel 7, estudiamos el levantamiento y caída de los imperios. Estudiamos también el cuerno pequeño, que es un poder religioso que pervierte la verdad y oprime al pueblo de Dios. Después se nos muestra la escena de un juicio, donde el dominio y el poder se les da a los santos del Altísimo.

En Daniel 7, hay ocho grandes épocas. Babilonia, Medo-Persia, Grecia, Roma pagana, la división del imperio romano, el levantamiento del cuerno pequeño, la apertura del tiempo del juicio y la segunda venida de Cristo.

El capítulo 8 se enfoca en una de estas mayores épocas. Al principio, repasa el levantamiento y caída de los imperios, pero después se concentra específicamente en un periodo de tiempo conocido como “el juicio”.

Daniel 8:3-5:“Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después. Vi que el carnero haría con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía. Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío que venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar la tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos”.


¿A quién representa este carnero? ¿A quién representa el macho cabrío? Como ya hemos visto en Daniel 7, la Biblia usa animales para describir las naciones. ¿Podemos realmente estar seguros de lo que representa el carnero y el macho cabrío? La Biblia no deja ni una pregunta sin contestar. En lecciones anteriores hemos aprendido que hay tres métodos básicos para entender las profecías. Primero, leerla; eso ya lo hemos hecho. Hemos visto una batalla entre un carnero y un macho cabrío. Segundo, descubrir la interpretación bíblica de esa profecía. Tercero, encontrar el cumplimiento histórico de la profecía.

A través de la Escritura, una bestia representa una nación, un imperio o un reino. Y la mejor explicación, de que esta bestia es un reino, la encontramos en Daniel 8:20-21:“En cuanto al carnero que viste que tenía dos cuernos, estos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero”.

De acuerdo a la Biblia, ¿a quién representa el carnero? Es correcto, representa a Media y a Persia. Usted sabe esto porque yo se lo dije. ¿Es cierto? No. Eso no es cierto. Usted sabe esto, porque usted ha leído que la Biblia lo dice. La Escritura claramente dice: “El carnero que viste que tenía dos cuernos, estos son los reyes de Media y de Persia”. De paso, en la descripción de los dos cuernos, dice que el más alto fue posterior al primero. Los medos y los persas reinaron unidos por un tiempo. Pero uno de ellos se hizo más poderoso. Esto lo vemos cuando los persas tuvieron la supremacía sobre los medos. Este suceso lo hemos visto representado en Daniel 7, mediante el oso que se paraba sobre sus dos pies, pero se levantaba más de un lado. En Daniel 8, esto es representado mediante la figura de un carnero con dos cuernos, pero el más alto es posterior al primero. En conclusión, el macho cabrío representa el reino de Grecia, y el gran cuerno entre sus ojos, representa a su primer rey, Alejandro el Grande.

Armonia en las Profecías

Note como la profecía bíblica se ajusta en una forma maravillosa. En Daniel 2, hay cuatro metales: oro, plata, bronce y hierro, luego viene la mezcla de hierro y barro cocido de los pies de la imagen. El imperio de oro de Babilonia, fue seguido por el imperio de plata que es Medo-Persia. Después viene Grecia que es simbolizado por el bronce. Y finalmente Roma, que es representado por el hierro. Todos estos reinos son seguidos por la división del imperio de Roma. Luego cuando vemos a Daniel 7, el león representa a Babilonia, el oso a Medo-Persia. Pero este oso se levanta más de un lado que del otro, mostrando que el reino de Persia sería más potente. Después viene Grecia, que es simbolizada por un leopardo con cuatro cabezas, que representan los cuatro generales de Alejandro el Grande. Posteriormente, una bestia con figura de dragón, con diez cuernos que representa a Roma. Y como corolario de todo esto, las diez divisiones representadas por los diez dedos de la imagen, que simbolizan la división del imperio romano. Y por último, el cuerno pequeño.

Teniendo en mente, que el carnero representa a Medo-Persia y el macho cabrío a Grecia, veamos a Daniel 8:7-8:
“Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por lo tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder. Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo”.

El leopardo de Daniel 7 tiene cuatro cabezas. El macho cabrío tiene cuatro cuernos. Ambos están representando los generales de Alejandro el Grande. Alguien preguntaría, ¿por qué aquí se empieza con Medo-Persia y no con Babilonia? La razón por la cual Babilonia no está representada en Daniel 8, es porque esta visión empieza en el tercer año del rey Belsasar, y pronto el esplendor y la gloria de Babilonia pasarían a la historia.

Antes de entrar en la discusión del cuerno pequeño, quiero que noten lo siguiente: Dios ha revelado en las profecías bíblicas la historia y el destino del mundo. No es por accidente que Daniel 2 armonice con Daniel 7, y éste con Daniel 8. Otra vez, decimos, que estas profecías se ajustan entre sí, como las partes de un rompecabeza a su patrón. Concluímos diciendo, que la Biblia no es un libro común. No es un libro ordinario. La Biblia es, sin lugar a duda, la palabra del Dios viviente. Y el cumplimiento de las profecías bíblicas es una prueba confiable, de que es la palabra de Dios.

El Levantamiento de un Poder Apóstata

Daniel 8:9-10 dice “Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa. Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó”.

En Daniel 7, observamos el levantamiento de Babilonia, Medo-Persia y Grecia. Después vimos a Roma representada por una bestia con figura de dragón con diez cuernos. Vimos también que un cuerno creció de entre los diez. Como ya hemos discutido en clases anteriores, el cuerno pequeño de Daniel 7, es un poder político-religioso que crece del remanente del imperio romano. Este es un sistema político-religioso que tiene un dirigente que pervierte la verdad de Dios. Echando por tierra las enseñanzas de las Escrituras, sustituyéndolas por enseñanzas y tradiciones humanas.

Daniel 7 representa a Roma como una bestia, y de ella sale un cuerno pequeño. Para hacer más marcado el corolario entre la Roma pagana y el cuerno pequeño, Daniel 8 simboliza al mismo imperio, y al poder político-religioso con el mismo símbolo. Por el origen de este poder, el medio en que se desarrolla, y el tiempo en que empieza a nacer, muestra que desde el mismo principio llevaría consigo principios de la Roma pagana.

Observemos lo que dice Daniel 8:10-11:“Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra, y las pisoteó. Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra”.

En el versículo 10 dice que este sistema perseguiría a los fieles adoradores de Dios. Dice además, que parte de ellos los echó por tierra y los pisoteó.

Luego en el versículo 11 dice que se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos. Es decir, éste sería un poder que se adjudicaría los privilegios y las prerrogativas de Dios. Y finalmente, se exaltaría sobre Dios. Otra cosa que nos dice este versículo es: “Por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra. ¿Cuál es el significado de esta expresión? En hebreo, la palabra continuo es Tamid. Al estudiar el sistema de adoración del Antiguo Testamento, encontraremos que el centro de adoración giraba sobre el continuo, o servicio continuo del santuario. Si un hombre pecaba, era necesario que trajera una ofrenda al santuario. Este sacrificio no podía hacer expiación por su pecado, sino más bien, señalaba hacia el Mesías que habría de venir. Todo el sistema ceremonial del continuo, dirigía la fe del creyente hacia el Cristo que habría de venir. Pero, Daniel 8 predice un poder que se opondría y reclamaría ser Dios. Aun siguiendo un sistema de adoración terrenal y sustituyendo lo religioso, lo interno por prácticas externas.

Hablando de este poder la Biblia expresa lo siguiente en Daniel 8:12: “Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó”.

La verdad acerca de dónde está Jesús, cuál es su obra y qué está haciendo, sería sustituido por un sistema de actividades religiosas terrenales. La tradición sustituiría la Escritura. La verdad de Dios y la realidad del ministerio de Cristo en el santuario celestial, serían sustituidas por sistemas de adoración terrenal.

¿Cuánto Tiempo Durará?

Daniel 8:13 dice:“Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando al santuario y el ejército para ser pisoteados?”.

¿Cuánto tiempo durará este sistema religioso, con sus hábitos y patrones de adoración terrenal, con sus ceremonias religiosas y sus leyes de origen humano? ¿Por cuánto tiempo más, la tradición oscurecería la verdad acerca del ministerio de Jesús como nuestro Sumo Sacerdote en el santuario celestial?

La respuesta está en Daniel 8:14:“Y dijo: hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”.


¿Qué quiere decir, hasta dos mil trescientas tardes y mañanas y entonces el santuario será purificado? En este texto hay dos cosas que deben ser estudiadas hoy. Primero, hay un período de tiempo. “Dos mil trescientas tardes y mañanas”. Segundo, hay un evento. “El santuario será purificado”. Veamos primero el tiempo y después el evento.

Daniel 8:16-17 dice:“Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel, enseña a éste la visión. Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin”.


¡Un momento! ¿Está hablando esta visión acerca del tiempo del fin? Bueno, una cosa debe tenerse en cuenta, que Daniel 7, no está hablando acerca del santuario terrenal, sino del celestial. Esto se puede probar con el versículo 17.

De acuerdo a lo estudiado, el templo terrenal fue destruido por Tito y por el ejército romano en el año 70 d.C. El único santuario que permanecería hasta el fin, es el santuario celestial. Entonces la visión se aplica al tiempo del fin. Al tiempo cuando la verdad de Dios sea desafiada. Al tiempo cuando el sistema religioso terrenal oscurezca la hermosura de la verdad del sacerdocio mediatorio de Cristo en el santuario celestial. Al tiempo cuando Satanás intente oscurecer el significado de la obra especial del juicio que Cristo hará en el santuario celestial. Al tiempo cuando Cristo esté delante del Padre presentando su sangre en favor de los pecadores arrepentidos.

Hablando de ese día del juicio, este es el tiempo cuando el pueblo de Dios debería sentir un profundo arrepentimiento y deseo de confesar sus pecados. La verdad sobre el santuario celestial, revela que Cristo es el verdadero Sacerdote de los hombres. Y que está ansioso de impartir perdón al pecador, y de impartir poder para vencer al pecado.

El Antiguo Testamento enseña, que de la misma forma en que eran cortados del campamento de Israel, aquellos que no se arrepentían y confesaban su pecado, serán cortados también del plan de salvación aquellos que permanezcan en el pecado cuando la obra mediadora de Cristo sea completada.

Daniel 8:19 dice:“Y dijo: he aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin”.


Entonces los 2.300 días de Daniel 8:14, nos llevan al tiempo del fin. Al tiempo cuando la corte celestial se siente para realizar su sesión. Al tiempo cuando la mente de los hombres estén dirigidas hacia Jesús, que estará en el santuario celestial. Al tiempo cuando Dios esté listo para invitar a hombres y mujeres a entrar con él en una experiencia especial de arrepentimiento y perdón de los pecados.

El Principio de Día por Año

Es obvio que los dos mil y trescientos días que empezaron en los días de Daniel, no lleguen hasta nuestros días. Y mucho menos hasta el tiempo del fin. Pues, 2.300 días son solamente siete años. ¿Dónde encontramos la clave para entender el valor profético de los 2.300 días? Primeramente voy a hacer una pregunta. ¿Has visto un mapa que tiene una escala en kilómetros al pie de la página? Puede ser que diga, un centímetro es igual a 25 kilómetros o a 50 kilómetros.

En la Biblia hay una medida profética que se aplica a las profecías de Daniel y Apocalipsis. Ver Números 14:34:
“Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día y conoceréis mi castigo”.

Este texto dice: “Un día equivale a un año”. En unión de otros textos, Números 14 muestra que en profecías bíblicas, un día es igual a un año. Dios dijo a Israel, por cada día que tú estuvisteis enviando personas para reconocer la tierra, en vez de ir a conquistarla, y por tu falta de fe, estarás vagando por el desierto un año por cada día. Esta medida profética se aplica también a las profecías de Daniel y Apocalipsis. Esto no quiere decir que cada vez que se lea en la Biblia, la palabra “día” (como en la semana de la creación) equivale a un año. Pero, en la secuencia del tiempo profético de Daniel y Apocalipsis, un día equivale a un año literal.

Teniendo como base lo anteriormente dicho, damos por sentado que el período de los 2.300 días, que tiene su principio en alguna fecha del Antiguo Testamento, se extenderá hasta el tiempo en que el santuario sea purificado.

El Santuario Terrenal

¿Qué significa la purificación dl santuario? En tiempos del Israel antiguo, Dios dijo a los israelitas en Éxodo 25:8: “Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”. La Biblia habla de dos santuario, uno en la tierra y otro en el cielo. El santuario terrenal fue hecho de acuerdo al modelo del santuario celestial. El santuario terrenal fue hecho para revelar el plan de la salvación. Este santuario tenía dos servicios: uno, llamado servicio diario, y otro llamado servicio anual. El diario tenía como propósito, proveer el perdón del pecador que se arrepentía. El servicio anual era un servicio especial que se hacía en cierta fecha del año, llamada “día de la expiación”. Si entendemos acerca del día de la expiación del santuario terrenal, podremos entender acerca del día de la expiación del santuario celestial, y también de los 2.300 días que llegan hasta el tiempo del fin. Veamos pues algo acerca del santuario terrenal y del día de la expiación.

Dios dio a Moisés las siguientes instrucciones en Éxodo 25:8 y Éxodo 25:40:“Y harán un santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”.“Mira y hazlo conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte”.

El santuario terrenal estaba dividido en tres partes. El altar de la ofrenda del sacrificio y le fuente estaban en el atrio. Este era el lugar donde el pecador sacrificaba la víctima, luego el sacerdote lavaba sus manos en la fuente y rociaba la sangre en el velo del tabernáculo. El tabernáculo estaba dividido en dos partes: el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. En el Lugar Santo estaban: la mesa de los panes, el altar del incienso y el candelero. En el Lugar Santísimo estaba el arca del pacto que tenía la ley de Dios. El Lugar Santo estaba separado del Lugar Santísimo por un velo. Era en este velo donde el sacerdote rociaba la sangre de la víctima. Otra cosa que hacía el sacerdote, era poner sangre en los cuernos del altar del incienso. Pero el pecador era perdonado solamente cuando la sangre era rociada frente al velo. La sangre era rociada frente al velo, porque detrás estaba el arca que tenía la ley de Dios. Lo que se quiere enseñar a través de este servicio del santuario terrenal, es que el pecador podía ser perdonado solamente por medio del sacrificio de un cordero y de la sangre rociada frente al velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Es decir, que el pecador era perdonado por la fe que ejercía en el cordero que simbolizaba al Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. Pablo dice en Hebreos 10:22, “Sin derramamiento de sangre, no hay remisión de pecado”. Entonces, la fe era necesaria, pero era necesario también sacrificar el cordero.

Veamos por un momento el servicio del santuario terrenal. Suponga usted que una persona ha pecado. Reconoce que ha pecado y sabe que merece la muerte. Está consiente que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Sabe que no hay ninguna forma de poder rehacer su vida a la vida anterior, antes de pecar. Sabe que la Biblia enseña que el “pecado es la transgresión de la ley” (1 Juan 3:4). Por consecuencia, su pecado ha sido una desobediencia o rebelión contra la ley de Dios. Y si todo el que transgrede la ley debe morir, pues él debe morir.

Esta es una persona que tiene una gran carga de pecado. ¿Hay alguien en nuestra sociedad que tiene una gran carga de culpabilidad sobre su conciencia? Es posible que haya alguien aquí esta noche. Alguien que ha pecado, y el peso de ese pecado está golpeando su vida. Sabe usted que las oficinas de los psiquiatras, en muchas partes del mundo, están atestadas de personas que tienen grandes cargas de culpabilidad. Personas que se sienten culpables y buscan la forma de como escapar de esa culpabilidad.

Volviendo otra vez al santuario, hemos visto que era necesario que el pecador trajera un cordero. Es decir, cuando una persona estaba cargada de culpabilidad, y una nube deprimía su ser, se sentía privado de toda esperanza, pues sabía que tenía que morir. Ahora, aquí estaba su oportunidad. La provisión estaba a su alcance. El ha decidido libertarse de ese pecado. Ahora lo podemos ver trayendo un cordero sin mancha. Se aproxima hacia la puerta del atrio. Pone sus manos sobre la víctima. Confiesa su pecado. La sangre es rociada frente al velo, y la carga del pecador es quitada. Ver Levítico 1:3:“Si su ofrenda fuese holocausto vacuno, macho sin defecto lo ofrecerá; de su voluntad lo ofrecerá a la puerta del tabernáculo de reunión delante de Jehová”.

¿Por qué tenía que ser un sacrificio sin mancha? Porque este cordero representaba a Cristo, el Cordero sin mancha y sin defecto. Una cosa debe notarse; nadie obligaba al pecador a traer el cordero. El lo traía por su propia voluntad. Pero, ¿por qué debía poner sus manos sobre la cabeza de la víctima? La enseñanza bíblica es: “Y pondrá su mano sobre la cabeza del holocausto, y será aceptado para expiación suya” (Levítico 1:4). ¿Puedes imaginarte a esta persona? Está cargada de culpabilidad. Pero ahora camina hacia el santuario. Lleva su ofrenda con él. Pone su mano sobre la cabeza del sacrificio y dice: “Señor, he pecado, sé que merezco la muerte. Pero, Señor, Tú has dicho que sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecado. Señor, yo trigo mi ofrenda conmigo, vengo a confesar mi pecado. Cuando el pecado es confesado, este es transferido del pecador al cordero. El cordero es crucificado por el pecador. La sangre del cordero (simbólicamente) limpia al pecador. El cordero es aceptado en lugar del pecador. El inocente muere en lugar del culpable. El cordero da su vida para que el pecador tenga vida.

El sacerdote lleva la sangre del animal y la rocía frente al velo que divide al Lugar Santo del Lugar Santísimo; exactamente frente al lugar donde está la ley que había sido quebrantada por el pecador. La sangre del cordero señala a Cristo quien sería el sacrificio por los pecados de todos los hombres. Ahora el pecado ha sido transferido del pecador al cordero, y del cordero al santuario. El pecador está libre. La carga ha sido quitada y no siente que es un pecador que está condenado.

Un Símbolo para Nosotros

Si hay alguien aquí que se siente cansado por la culpabilidad de su pecado, y siente que está condenado, yo tengo buenas nuevas para esa persona. Esa culpabilidad puede ser removida. Esa carga puede ser quitada. Lo único que hay que hacer es tomar un sustituto y venir, y ese sustituto (cordero) llevará tus pecados y tu carga. Todo lo que se hacía en el santuario terrenal, ha sido hecho para mostrar la hermosura del plan de la salvación.

Juan el bautista dijo en Juan 1:29:“He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”.

Cuando Cristo vino a esta tierra, Juan Bautista dijo: “He aquí el Cordero de Dios”. Cristo, el Cordero de Dios, el Cordero sin mancha. Vivió en esta tierra una vida sin pecado, y murió la muerte que Él no merecía morir. Ese Cordero sin mancha, es mi Cordero. Es tu Cordero. Es nuestro sustituto. Al venir hacia él, en mi imaginación, y postrarme ante Él, veo al Cordero sin mancha. Veo al Cristo sin pecado. El Cordero perfecto muriendo en mi lugar. Siento que no son los clavos los que le están matando, no es la corona de espinas, ni la espada que hiere su costado, sino mis pecados. Y al salir la sangre de su costado, siento que esa sangre limpia mis pecados. “Siento que no hay más condenación para los que están en Cristo Jesús”. Ahora la culpa ha sido quitada y estoy libre de esa carga.

Es posible que haya alguien aquí que ha llevado esa carga por muchos años, pero en este momento siente que esa carga puede ser transferida al sustituto, al Cordero, a Cristo.

El Día de la Expiación

En el servicio diario, el pecado era transferido del pecador al sustituto y luego al santuario. Pero una vez al año se celebraba una fiesta (servicio) que se llamaba “el día de la expiación”. En esta fecha todo Israel se reunía en ese lugar. Todo el año los pecados habían sido confesados y transferidos al tabernáculo. Así, en forma simbólica, el santuario estaba contaminado. Por esta razón, era necesario, que una vez al año, el santuario fuera purificado.

Levítico 16:7-11 presenta una descripción de ese día:“Después tomará los dos machos cabríos y los presentará delante de Jehová, a la puerta del tabernáculo de reunión. Y echará suertes Aarón sobre los dos machos cabríos; una suerte por Jehová, y otra suerte por Azazel. Y hará traer Aarón el macho cabrío sobre el cual cayere la suerte por Jehová, y lo ofrecerá en expiación. Mas el macho cabrío por el cual cayere la suerte por Azazel, lo presentará vivo delante de Jehová para hacer la reconciliación sobre él, para enviarlo a Azazel al desierto. Y hará traer Aarón el becerro que era para expiación suya, y hará la reconciliación por sí y por su casa, y degollará en expiación el becerro que es suyo”.


En el día de la expiación no se hacía ningún trabajo. Este era un día de ayuno y oración. En ese día se traían dos machos cabríos; uno, llamado para Jehová. Otro, para Azazel. El macho cabrío para Jehová era degollado. No se confesaba ningún pecado sobre él. El sumo sacerdote tomaba la sangre y la llevaba dentro del santuario y al aproximarse al lugar donde estaba la ley de Dios, en el Lugar Santísimo, rociaba con ella en el lugar donde simbólicamente estaba la misericordia de Dios. Este era el principio de la expiación. Después limpiaba también el Lugar Santo y posteriormente el atrio. Simbólicamente el sacerdote había estado llevando los pecados que habían sido confesados durante todo el año. Ahora en forma simbólica los saca del santuario y los pone sobre el macho cabrío que representa a Azazel. Luego éste es llevado al desierto para morir. Después de toda esta ceremonia, Israel estaba limpio de todos los pecados cometidos durante todo el año. Ahora, era el comienzo de una nueva vida.

El servicio que se realizaba en el santuario, encerraba dos puntos importantes para el pueblo de Israel. Primero, era un día en el cual el pueblo participaba (Levítico 16:29, 33). Segundo, en ese día no había un solo israelita que fuese sólo un observador.

Levítico 16:29-30 dice:“Y esto tendréis por esatuto perpetuo: en el mes séptimo, a los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, y ninguna obra haréis, ni el natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de Jehová”.

En el día de la expiación, Israel se reunía en el santuario, no sólo para confesar sus pecados, sino para estar seguro que todas las cosas estaban en armonía entre él y su Dios. En ese día, los israelitas confesaban sus pecados y buscaban una armonía más cercana con Dios.
El día de la expiación era también un día de juicio. Cualquiera que no participaba en esa ceremonia, era cortado del pueblo de Israel. Así, indiscutiblemente, éste era también un día de juicio.

Poniendo Todo en Armonía

Pongamos todo el concepto estudiado, en el libro de Daniel. Después de ver en Daniel 7, el levantamiento y caída de los imperios, la división del imperio romano, la perversión de la verdad, por el cuerno pequeño, y el poder que va a establecer sus principios en contra de los principios de Dios, llegamos al tiempo del juicio.

Ver Daniel 7:9-10:“Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos”.

Daniel 7, después de presentar el levantamiento y caída de los imperios, presenta un juicio celestial. Daniel 8, después de presentar la forma en que el cuerno pequeño desafía la verdad, presenta un día de expiación en el santuario celestial. Ya se ha visto que una fase del servicio del día de la expiación en el santuario terrenal, era un juicio. Entonces al venir a Daniel 8, y en comparación con el servicio del santuario terrenal, encontramos un día de expiación, pero no el terrenal, sino en el santuario celestial. Esto es lo que el profeta quiere decir en Daniel 8:1.

Siendo que la Biblia habla de dos santuarios: uno terrenal y otro celestial, ¿de cuál santuario está hablando Daniel? ¿Está hablando del santuario terrenal o del celestial? Siendo que existirá sólo un santuario para el tiempo del fin, es lógico pensar que Daniel 8 se refiere al santuario celestial.

Partiendo desde el primer imperio, y continuando a través del levantamiento y caída de ellos, siguiendo con la división del imperio romano, con el poder del cuerno pequeño, que sustituye la verdad por la tradición. El cuerno que echa por tierra la verdad de Dios, que intenta cambiar la ley de Dios, que persigue al pueblo de Dios y que oscurece el sistema de adoración celestial. Llegamos a un momento cuando el pueblo de Dios volverá su vista otra vez hacia el santuario celestial, hacia los 2.300 años, hacia Jesús como su Sumo Sacerdote, hacia el momento cuando Jesús pasa del Lugar Santo al Lugar Santísimo. Pero, antes que esto llegue a su final, él invita a su pueblo a separarse de los sistemas tradicionales que han quitado de su mente lo que la palabra de Dios enseña acerca del santuario celestial. Siendo que estamos viviendo en ese tiempo final, él nos invita a que nos arrepintamos de nuestros pecados y los confesemos. El tiempo del juicio del santuario celestial, ha llegado ya. Pronto llegará el día cuando los pecados tendrán que ser puestos sobre Lucifer, y enviado para que sea destruído con todos los malos. Esto será el final del juicio. Pero este día no será solamente de destrucción y muerte. Este día será también un día de gozo, un día de alegría para los que hayan de ser redimidos.


Algo Mas

Al entrar en Daniel 9, vamos a estudiar también la profecía de los 2.300 años. Enfocaremos nuestra atención en una de las profecías más sorprendentes, que señala el bautismo y la muerte de Jesús. Y que predice también la fecha cuando el evangelio dejaría de ser específicamente para los judíos y sería llevado a los gentiles. Y finalmente el comienzo de la iglesia del Nuevo Testamento. Además, esta profecía predice claramente la fecha de la apertura de ese juicio y la expiación del santuario celestial.

Daniel 8 (Reina-Valera 1960)

Daniel 8
Visión del carnero y del macho cabrío
1 En el año tercero del reinado del rey Belsasar me apareció una visión a mí, Daniel, después de aquella que me había aparecido antes.

2 Vi en visión; y cuando la vi, yo estaba en Susa, que es la capital del reino en la provincia de Elam; vi, pues, en visión, estando junto al río Ulai.

3 Alcé los ojos y miré, y he aquí un carnero que estaba delante del río, y tenía dos cuernos; y aunque los cuernos eran altos, uno era más alto que el otro; y el más alto creció después.

4 Vi que el carnero hería con los cuernos al poniente, al norte y al sur, y que ninguna bestia podía parar delante de él, ni había quien escapase de su poder; y hacía conforme a su voluntad, y se engrandecía.

5 Mientras yo consideraba esto, he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos.

6 Y vino hasta el carnero de dos cuernos, que yo había visto en la ribera del río, y corrió contra él con la furia de su fuerza.

7 Y lo vi que llegó junto al carnero, y se levantó contra él y lo hirió, y le quebró sus dos cuernos, y el carnero no tenía fuerzas para pararse delante de él; lo derribó, por tanto, en tierra, y lo pisoteó, y no hubo quien librase al carnero de su poder.

8 Y el macho cabrío se engrandeció sobremanera; pero estando en su mayor fuerza, aquel gran cuerno fue quebrado, y en su lugar salieron otros cuatro cuernos notables hacia los cuatro vientos del cielo.

9 Y de uno de ellos salió un cuerno pequeño, que creció mucho al sur, y al oriente, y hacia la tierra gloriosa.

10 Y se engrandeció hasta el ejército del cielo; y parte del ejército y de las estrellas echó por tierra,(A) y las pisoteó.

11 Aun se engrandeció contra el príncipe de los ejércitos, y por él fue quitado el continuo sacrificio, y el lugar de su santuario fue echado por tierra.

12 Y a causa de la prevaricación le fue entregado el ejército junto con el continuo sacrificio; y echó por tierra la verdad, e hizo cuanto quiso, y prosperó.

13 Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?

14 Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado.

15 Y aconteció que mientras yo Daniel consideraba la visión y procuraba comprenderla, he aquí se puso delante de mí uno con apariencia de hombre.

16 Y oí una voz de hombre entre las riberas del Ulai, que gritó y dijo: Gabriel,(B) enseña a éste la visión.

17 Vino luego cerca de donde yo estaba; y con su venida me asombré, y me postré sobre mi rostro. Pero él me dijo: Entiende, hijo de hombre, porque la visión es para el tiempo del fin.

18 Mientras él hablaba conmigo, caí dormido en tierra sobre mi rostro; y él me tocó, y me hizo estar en pie.

19 Y dijo: He aquí yo te enseñaré lo que ha de venir al fin de la ira; porque eso es para el tiempo del fin.

20 En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia.

21 El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero.

22 Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él.

23 Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas.

24 Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos.

25 Con su sagacidad hará prosperar el engaño en su mano; y en su corazón se engrandecerá, y sin aviso destruirá a muchos; y se levantará contra el Príncipe de los príncipes, pero será quebrantado, aunque no por mano humana.

26 La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días.

27 Y yo Daniel quedé quebrantado, y estuve enfermo algunos días, y cuando convalecí, atendí los negocios del rey; pero estaba espantado a causa de la visión, y no la entendía.

457 a.C.

 

El año 457 AC., la fecha clave de la profecía que llega hasta el año 1 844, está firmemente establecida tanto en la Escritura como en la historia.

“La orden para restaurar y edificar a Jerusalén” Dan. 9:25) no sólo determina el comienzo de la profecía de las setenta sema­nas, sino también el comienzo de los 2300 días mencionados en Daniel 8:14. Creemos que esta última profecía llega hasta el año 1844, señalándonos como el pueblo levanta­do por Dios para proclamar el último mensa­je de advertencia al mundo. Si esto es así, debemos estar en condiciones de justificar nuestra afirmación generando una evidencia que sustente esta postura.

Hay tres decretos persas que juegan un papel clave en la restauración del pueblo de Dios de la cautividad babilónica.1 La confirmación de nuestra Interpretación, de las im­portantes profecías de Daniel, depende de la Identificación y datación del decreto con el qué Dios determinó que se comenzara el cálculo del tiempo Involucrado en la profecía.

Ciro emitió un primer decreto en el año primero de su reinado, es decir, el 538 ó 537 a.C. La Biblia no indica el momento preciso del año primero de su reinado cuando se libró este decreto, por lo que no sabemos si fue el 538 o el 537 a.C. La Biblia tampoco nos dice cuándo el grupo de Zorobabel dejó Babilonia y cuándo llegó a Jerusalén, por lo que des­conocemos el momento en que este decre­to entró en vigencia. La vaguedad de la Bi­blia con respecto a estos detalles argumenta en contra de la evidencia de que éste sea el decreto más importante. Además. el decre­to de Ciro no dice nada con respecto a la res­tauración de la ciudad Sólo se refiere a la re­construcción del templo.

Otra evidencia de que éste no es el de­creto clave para recomponer el tiempo de la profecía, es que no armoniza con la profecía de Daniel 9 con respecto al tiempo de la lle­gada del Mesías, el Ungido. Con la fecha de este decreto como punto de partida, los 483 años de los que habló Daniel, ni se acercan al tiempo de Jesús. Esta fecha tampoco ayu­da a Identificar el año de su bautismo —el ungimiento del Señor— que ocurrió en el año 27 d.C.

La Escritura no establece la fecha del segundo decreto, el de Darío el Grande. Todo lo que sabemos es que el documento se emi­tió en los primeros años de su reinado porque, como consecuencia de este, se completó la edificación del templo y se lo dedicó al Señor2.

1 Se ha sugerido una cuarta posibilidad: algunos con­sideran que la disposición que manifestó Artajerjes ha­cía la petición de Nehemías de regresar para reconstruir Jerusalén (444 AC, Neh. 1:1-3; 2:1) es el decreto que ori­ginó la fecha Inicial de la profecía (véase e. g, Robert A­derson, The Comlng Prlnce, Grand Raplds, Kregel Pub., sin fecha). Sin embargo, comenzar desde esa fecha arro­ja a la profecía de las setenta semanas lejos del bautis­mo de Jesús. Y, en tanto que la Biblia cita minuciosamen­te cada uno de los otros tres decretos precedentes, en este caso sólo dice que Artajerjes otorgó el permiso so­licitado por Nehemías y envió cartas —no se indica que se haya librado decreto alguno. un tratamiento tan infor­mal de este “decreto” no es adecuado a lo que se espe­raría si el Señor quisiera señalarlo como el punto de par­tida de la importantísima profecía de Daniel.

2 La reconstrucción del templo iniciada por el decreto de Ciro, paulatinamente había menguado hasta esfumarse. Los judíos habían comenzado a trabajar nuevamente en el templo y luego escribieron solicitando la anuencia de Da­río pera la realización de estas obras. En el transcurso del segundo año de su reinado, Darío respondió otorgándo­les permiso. La obra continuó, y el templo se dedicó en el sexto año (véase Hageo 2:10-18 y Esdras 6:15).

Y como en el caso de Ciro, el de­creto de Darío estaba relacionado con la res­tauración del templo, no de la ciudad. Obvia­mente, para establecer un punto de partida de la profecía, este decreto no es muy sig­nificativo.

Si Dios quería que alguno de estos decre­tos determinara el comienzo del tiempo de una profecía tan importante como la de los 2300 años, entonces el mismo Señor debió cuidar que los detalles necesarios quedaran registrados en la Biblia.

El decreto de Artajerjes.-

Recién con el tercer decreto —emitido en el séptimo año de Artajerjes y registrado en Esdras 7: 8, 9 disponemos de la información necesaria que permite ubicar en el tiempo esta importante profecía. En relación con es­te decreto, se nos dice que Esdras abando­nó Babilonia el primer día del mes primero, del séptimo año del reinado de Artajerjes, y que el dirigente hebreo y su grupo llegaron a Jerusalén el primer día del mes quinto del mismo año. De ningún otro decreto dispone­mos de tantos detalles. Este mismo hecho es significativo. Seguramente, Dios estaba Intentando comunicar alguna idea, porque la Palabra divina es muy explícita con respec­to a este decreto, en tanto que es vaga con respecto a los otros dos.

Además, este decreto proporcionó las pautas del restablecimiento del gobierno lo­cal en una escala que los otros decretos no mencionan (véase Esdras 7:21-28). instrumen­to mecanismos jurídicos para castigar a los malhechores, hasta el grado de conceder autoridad para Imponer la pena capital. Co­mo resultado de este decreto, Esdras comen­zó a construir la ciudad —véase la carta di­rigida a Artajerjes en Esdras 4.

Sin embargo, posiblemente el mayor ar­gumento de todos es que cuando calcula­mos el tiempo de la profecía de Daniel 9, utilizando la fecha de este decreto (457 a.C.) como determinante de su iniciación, la pro­fecía llega exactamente al bautismo de Je­sús. De hecho, Daniel 9:24 sugiere que los eventos que ocurrieron en el lapso de las 70 semanas le imponen a toda la profecía el se­llo de la aprobación divina. Y esto demues­tran que la profecía fue otorgada divinamen­te, por lo que es digna de confianza. No hay otra fecha que llegue a satisfacer tan clara­mente las demandas de esta profecía.

Obviamente, el decreto que Dios sugiere que utilicemos es el de Esdras 7 —emitido durante el séptimo año del reinado de Arta­jerjes. Dios nos dio detalles con respecto al momento en que se emitió este decreto y, también, indicó cuándo entró en vigencia. La precisión con la que se relaciona con el bau­tismo de Jesús determina su autenticidad. Es muy exacto como para que esté equivo­cado!

Al haber determinado que es el decreto de Artajerjes el que marca el comienzo de es­tos períodos proféticos, debemos establecer el 457 a.C. como el año en que fue emitido.

Los métodos de datación de los babilonios y los persas.-

En el tiempo de los persas, todos los eventos y los documentos fechados estaban caracterizados por registrar los siguientes datos: el número del día1 el nombre o núme­ro del mes y el número del año del rey que estaba en el poder. Por ejemplo, como ya lo mencionamos, Esdras dice que salió hacía Jerusalén el día primero del mes primero del año séptimo de Artajerjes, y que llegó a des­tino el día primero del mes quinto del mis­mo año.

Cuando un rey moría y otro ocupaba el trono, el lapso anual restante era considerado como el año ascensional del nuevo rey y no era ni contado ni calificado como el año primero del nuevo soberano. Solo el primer año calendario completo del rey era conside­rado como su primer año de reinada (véase el cuadro 1). Como se observará, el año as­cencional podía ser largo o corto, y esto de­pendía del momento en que el nuevo monar­ca llegaba al trono.

Para establecer la fecha de un episodio en marco de nuestro calendario, los eru­ditos primero tenían que determinar la suce­sión de los reyes y el tiempo de sus reina­dos. Esta información la podemos encontrar en las listas de los reyes que los antiguos escritores nos proporcionaron. Otra forma de obtenerla es el método que Ríchard A. Parker y Waldo H. Dubberstein desarrollaron al reunir la información publicada en su valio­so libro Babylonian Chronology: 626 B. C.- 75 A. D. El método de Parker y Dubberstein surgió del hallazgo de centenares de table­tas fechadas por sus autores durante las mo­narquías de los reyes del Cercano Oriente antiguo. Estos dos investigadores surgieron que se podía llegar a establecer la fecha de los reinados al encontrar tres o cuatro table­tas que llevaran las últimas fechas del reina­do de cada monarca y tres o cuatro tabletas con las fechas más tempranas de cada su­cesor. Utilizando este método, los eruditos pueden calcular el mes y, a veces, hasta el día de la muerte de un rey y la fecha en la que el sucesor asumió el cargo. De esta ma­nera, estos dos investigadores pudieron compilar una lista de los reyes de Babilonia y de Persia junto con detalles tan preci­sos como: cuándo llegó el monarca al tro­no y que duración tuvo su gobernación.

Año ascensional

 

 

                468            467           466           465           464           463           462           461

 

 

         17º año de        18             19             20           Asume      1er año de     2               3

             Jerjes                                                           Artajerjes     Artajerjes          

 

Para asignar las fechas de los reinados anteriores a Cristo, los eruditos todavía de­bían dar otro paso; era necesario encontrar una forma de vincular los reinados de los re­yes del pasado a nuestra escala de la época postcristiana. Establecieron este vínculo de datación por medio de las tabletas que regis­traban las fechas de los eclipses que ocurrie­ron en las fechas de aquellos reyes. La ma­yoría de estas tabletas describe en detalle los eclipses ocurridos, y por lo menos una de ellas predice un eclipse futuro, que habría de ocurrir en el séptimo año de Cambises. El hecho que los científicos de esa época pu­dieran predecir los eclipses revela el eleva­do nivel de conocimiento astronómico que estos antiguos pueblos habían desarrollado.

Así como los arqueólogos encontraron y tradujeron las tabletas que describían los eclipses, los astrónomos calcularon y ajus­taron a nuestro calendario el momento pre­ciso en que ocurrió ese fenómeno. De este modo se elimina la conjetura y se establecen fechas precisas para los reinados de los mo­narcas de la antigüedad. En el marco de la cronología, los períodos babilonio y persa se encuentran entre los períodos mejor docu­mentados de la historia (el cuadro 2 enume­ra algunos de los eclipses descriptos por las tabletas).

Fechas de Algunos Eclipses en los Periodos de Babilonia y de Persia

La siguiente lista enumera algunos de los eclipses de los que disponemos registros, del periodo histórico en el que nos concentramos en este estudio:

Rey                              Año de reinado                           Fecha AC del Eclipse

Nabopolasar                                                                  22 de Abril del 621 a.C.

Nabucodonosor                  37º                                        4 de Julio del 568 a.C.

Cambises                                                                      16 de Julio del 523 a.C.

Darío I                                20º                                        19 de Noviembre del 502 a.C.

Darío II                               31º                                        25 de Abril del 491 a.C.

La fecha del séptimo año de Artajerjes.-

Con semejante riqueza de información con respecto a la cronología de este perío­do, podemos establecer con confianza la fe­cha del séptimo año del rey Artajerjes.

Jerjes, el predecesor de Artajerjes, fue asesinado entre el 17 de diciembre del 465 y el 3 de enero del 464 AC. La tableta por­tadora de la última fecha conocida de su reinado está fechada el noveno mes (que co­rresponde a diciembre) de su vigésimo pri­mer año de reinado. Y el papiro elefantino egipcio contiene la primera fecha identificada con el reinado de Artajerjes -que equi­vale a nuestro 3 de enero del 464 AC. Como esta fecha surge de los registros que se ori­ginaron en Egipto, la mayoría de los eruditos concuerdan en que Jerjes murió antes del fin de diciembre, pues es relativamente difícil que las noticias de su muerte y la sucesión de Artajerjes haya viajado de Persia a Egip­to en tres días. Por lo tanto, parece ser más coherente sostener que la muerte de Jerjes haya ocurrido en la última parte del mes de diciembre del 465 AC.

Aun cuando los judíos siguieron un calen­dario de primavera a primavera en su año re­ligioso, con el tiempo aplicaron además un segundo calendario —muchos Países en la actualidad tienen un año fiscal y un año ca­lendario. Y así como el principio y el fin de nuestro calendario fiscal difiere unos seis meses de nuestro año calendario, el calen­dario judío que va de otoño a otoño difiere unos seis meses del calendario que va de primavera a primavera. Y del mismo modo que los meses de nuestro calendario fiscal y de nuestro año calendario retienen los mis­mos nombres, los meses de los calendarios que van de primavera a primavera y de oto­ño a otoño conservan los mismos números. Por consiguiente, en tanto que el calendario que va de primavera a primavera comienza con el mes uno y finaliza con el mes doce; el calendario que va de otoño a otoño comien­za en el mes séptimo y concluye en el mes sexto

Los Años de Primavera a Primavera y de Otoño a Otoño

* De primavera a primavera *De otoño a otoño

 

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                                          A                            B

  • A El mes séptimo del año que va de primavera a primavera, es el primero del año de otoño a otoño, pero retiene el mismo nombre (Tisri) y el mismo número de año (séptimo) con el que los judíos lo identificaban.
  • B Del mismo modo, el mes primero del año que va de primavera a primavera es el mes séptimo del año que va de otoño a otoño, pero en ambos calendarios se lo denomina Nisán y se lo identifica como el mes primero.

Con esta información podemos trazar una línea en el tiempo para ubicar los primeros años de Artajerjes y, de este modo, llegar hasta el importantísimo séptimo año de su reinado. Podemos calcular ese año según el calendario judío que va de otoño a otoño —el calendario que Esdras estaba utilizando cuando se refirió al decreto de Artajerjes (véase el recuadro Cómo empleaban los ju­díos el calendario que va de otoño a otoño).

El cuadro 4 demuestra que el séptimo año de Artajerjes comenzó en el 458 a.C. y se extendió al 457 a.C., y que las fechas regis­tradas en la Escritura en relación con este de­creto —las referidas a la partida de Esdras hacia Jerusalén y a su llegada— se ajustan perfectamente al año 457 a.C.

Es interesante notar que Guillermo Miller y sus asociados utilizaron un método dife­rente para calcular cuál de los años de nues­tro sistema es el que corresponde al sépti­mo año de Artajerjes. Pero, basados en el Canon de Ptolomeo, llegaron a establecer la misma fecha. En realidad, esta es una grati­ficante confirmación de la confiabilidad de nuestra posición y debiera ayudarnos a for­tificar nuestra fe en el mensaje que transmi­timos al mundo. Como lo dijo el apóstol Pe­dro: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucris­to siguiendo fábulas artificiosas” (2 Pedro 1:16).

El Año Séptimo de Artajerjes

   458 a.C.                                                       457 a.C.                                       456 a.C.

     7         8         9          10         11         12         1         2         3         4         5         6

  • A Esdras se refirió al séptimo año de Artajerjes sobre la base del calendario de otoño a otoño. Abandonó Babilonia el día primero del mes primero del año séptimo de Artajerjes.
  • B Esdras llegó a Jerusalén el día primero del mes quinto del año séptimo de Artajerjes.

 

Cómo empleaban los judíos el calendario que va de otoño a otoño

El calendario por el que los babilonios y los persas reconocían sus años iba de primavera a primavera. Es decir su año comenzaba en la primavera y terminaba con el fin del invierno. Al computar el año religioso, los judíos también se­guían un calendario de primavera a primavera. Sin embargo, a veces utilizaban un calendario de otoño a otoño cuando consideraban el reinado de ciertos reyes propios o extranjeros

Los que ignoran o desconocen este hecho, al fechar ciertos episodios bíblicos, pueden errar como mínimo en seis meses, y al intentar ubicar el acontecimiento en nuestra escala aC/dC se lo puede aplicar a un año totalmente diferente. Por ejemplo, si se establece el séptimo año de Artajerjes, del que habla Esdras, según el calenda­rio que va de primavera a primavera, se ubica la emisión del decreto en el 458 a.C. que, en consecuencia, establece el fin de la profecía de los 2.300 días en el año 1843 DC, y no en 1844.

Evidencias

Cuatro clases de evidencias —tres bíblicas y una extrabíblica— nos mostrarán que los judíos usaron un calendario de otoño a otoño,

1. La edificación del templo de Salomón.-

Las Escrituras afirman que Salomón comen­zó la edificación del templo en el cuarto año de su reinado durante el mes de Zif, el segundo mes del año judío, y concluyó el templo en el un­décimo año de su reinado, en el mes de Bul, el octavo mes del año judío (1Rey. 6:1,37, 38). En el calendario que va de primavera a primavera, es­tas techas bien podían involucrar siete años li­terales y medio, que los judíos contabilizaban co­mo ocho años al aplicar el cálculo inclusivo.

Pero si se basa el cálculo en el calendario de otoño a otoño, las mismas fechas podrían arro­jar seis años y medio que, con el reconocimien­to inclusivo, los judíos pudieron contar como siete años —el tiempo que en realidad las Escrituras especifican para la edificación del templo de Salomón (vers. 38).

2. Las reformas de Josías.-

En 2 Reyes 22:3-23:23 leernos sobre las re­formas que Josías llevó a cabo en Judá, y de la celebración de la Pascua cuando efectuó estas reformas. Josías envió a sus hombres a todo el reino invitando al pueblo a olvidar la adoración a los dolos y a volverse al verdadero Dios. Se destruyeron los lugares de adoración de los pa­ganos, se talaron los bosques donde se realiza­ban ciertos ritos, y se invitó al pueblo para reu­nirse en Jerusalén para celebrar la Pascua. No es difícil percibir que los hombres de Josías de­bieron necesitar mucho tiempo para realizar es­ta tarea. También debió insumirle cierto tiempo al pueblo el viaje a Jerusalén, especialmente a los que vivían en las zonas más remotas del rei­no. Sin embargo, las Escrituras indican que las reformas se efectuaron y que el pueblo se reu­nió entre el comienzo del decimoctavo año del reinado de Josías y el tiempo en que se celebró la Pascua ese mismo año.

Como la Pascua se celebraba el día catorce del primer mes del año, si es que estos episo­dios se reconocen sobre ha base del año que va de primavera a primavera, todos ellos debieron ocurrir en catorce días como máximo. Sin embar­go, si aceptamos que los judíos podían haber estado utilizando el calendario de otoño a otoño, hubo unos seis meses y medio para realizar estas reformas antes de la celebración pascual —un esquema que resulta mucho más verosímil.

3. Nehemías ante el rey.-

Al comenzar el relato de la obra que realizó en Jerusalén, Nehemías dice que en el mes de Qislew, es decir en el noveno mes del año hebreo, recibió malas noticias acerca de las con­diciones de la ciudad (Neh. 1:1-4). Continúa di­ciendo que como resultado de estas malas noticias estuvo triste en la presencia de! rey en el mes de Nisán (Neh. 2:1-8), el primer mes del año hebreo. Y, además de atraer la atención so­bre este hecho, el autor fecha la recepción de las malas noticias y la ocasión en la que Artajerjes notó la tristeza del copero en el vigésimo año del monarca. Si él (Nehemías) hubiera seguido el ca­lendario de primavera a primavera, en el que los meses se encontraban en un orden numérico, su, tristeza ante el rey ¡podría haber llegado a ser an­terior a la recepción de las lamentables noticias que generaron esta tristeza! Pero en el calenda­rio que va de otoño a otoño, la datación de es­tos eventos no tiene problema, porque en ese ca­lendario el mes noveno precede al mes primero (véase el cuadro 3).

Hay dos factores que hacen a la utilización del calendario de otoño a otoño especialmente importante para la datación del decreto de Artajerjes. En primer lugar, en tanto que los prime­ros dos ejemplos involucraban fechas basadas en el reinado de reyes hebreos, en este caso Ne­hemías, al igual que Esdras, estaba basando su sistema de fechar en el reinado de un monarca persa.

Y, en segundo lugar, Nehemías era contem­poráneo de Esdras en tiempo y circunstancias —ambos eran judíos criados en Persia que es­cribieron sus libros con pocos años de diferen­cia entre ellos, y luego de regresar a Palestina. Esto hace posible que estas dos personas, con un pasado semejante, que estaban escribiendo en el mismo tiempo, y bajo circunstancias similares, utilizasen la misma técnica de datación.

4. Los papiros elefantinos.-

Los doctores S. H. Horn y L. H. Wood descu­brieron evidencias extrabíblicas que apoyarían el uso de un calendario judío de otoño a otoño du­rante el periodo persa. Algunos de los manuscri­tos escritos por los soldados judíos estaciona­dos en la fortaleza de la isla Elefantina en el Nilo (alto Egipto) estaban fechadas según dos moda­lidades: el calendario egipcio y el calendario ju­dío que va de otoño a otoño. Estos manuscritos, originados entre los años 422 AC y 419 AC. ofre­cen una evidencia adicional de la utilización de este calendario, aun cuando el rey en cuyo rei­nado se basaba el sistema de datación era extranjero, en este caso Darlo II. (El papiro Kraeling Nº 6 es de especial importancia en este aspec­to.) Los doctores Horn y Wood proporcionaron los detalles de esta evidencia en su libro The Chronology of Ezra 7.

Todo esto demostraría que, sumando la evi­dencia bíblica y la extrabíblica, se puede afirmar como muy probable que Esdras haya utilizado un calendario que va de otoño a otoño.